El Sevilla sigue sin encontrar su camino y suma un empate insípido ante el Rayo Vallecano (1-1), en un partido en el que los de Xavi García Pimienta volvieron a mostrar su peor cara durante demasiados minutos.
Un golazo de Lukébakio sirvió para maquillar el desorden y la falta de ideas de un equipo que, una vez más, sobrevivió gracias a las paradas de Nyland.
El Rayo fue mejor y tuvo más ocasiones, pero se topó con el meta noruego, el único que parece entender lo que está en juego.
Porque el Sevilla volvió a conceder atrás, a sufrir en cada llegada del rival y a mostrarse inofensivo arriba, como viene siendo costumbre esta temporada.
"HOY NYLAND SALVO AL EQUIPO"
Ni siquiera el gol de Lukébakio en el tramo final sirvió para cambiar la sensación de impotencia de un equipo que parece conformarse con las migajas.
La primera parte fue un calco de lo que el sevillismo lleva sufriendo todo el curso. El equipo arrancó con cierta intención, pero pronto se deshizo como un azucarillo.
Pedrosa tuvo la primera con un zurdazo que se fue fuera por poco, pero ahí terminó todo lo que el Sevilla aportó en ataque hasta bien entrada la segunda mitad.
"PIMIENTA NO TIENE NI IDEA DE LO QUE TIENE EN LAS MANOS"
Mientras tanto, el Rayo llegaba con facilidad y Nyland tenía que multiplicarse para sostener el empate.
Con una defensa blanda y un centro del campo sin ideas, el equipo se dedicó a verlas venir.
Solo la falta de acierto del Rayo y el portero noruego evitaron que el marcador reflejara lo que realmente se estaba viendo sobre el césped.
El castigo llegó en la segunda parte con un golazo de Ratiu desde la frontal.
Otra vez, el Sevilla reculó hasta meterse dentro de su propia área, permitiendo que el rival probara fortuna hasta que, claro, lo consiguió.
"SIEMPRE LA MISMA HISTORIA"
A partir de ahí, el equipo intentó una reacción tardía, más con orgullo que con fútbol. Lukébakio, que había pasado inadvertido todo el partido, sacó un zurdazo espectacular para empatar en el 81’. Un fogonazo aislado en medio del caos.
Pero el Rayo siguió empujando y el Sevilla volvió a encomendarse a Nyland y a la madera para no salir derrotado.
Un disparo de Lejeune al larguero y una última ocasión de Guardiola pudieron sentenciar a los de García Pimienta, pero la fortuna (y el portero noruego) evitaron el desastre.
El Sevilla suma un punto más, pero las sensaciones siguen siendo pésimas. Un equipo sin rumbo, sin fútbol y sin hambre que sobrevive a base de individualidades y rezos a Nyland.
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